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© 2019 por Caro Tapia

II

 

Hago un suspiro de silencio

-a veces hay tanto muerto adentro-

Una flor esperando salir

un recóndito reto envuelto en lienzo.

Nada mira fuera de mi ausencia.

Es tan frágil mi piel cuando vuela...

No voy a dejarme caer.

Soy romero y salvia en humo, 

soy planta sagrada,

soy tierra.

Prendo de mi fuego

incienso interno.

Soy mi espacio sagrado que cuidar,

responsable del cultivo de mi tierra,

soy mi hogar.

Empapada en mantras

me distancio de mi soledad vacía,

soy mi antigua compañía, mi regalo, 

mi verdad.

Pulso el amuleto de mis manos

abriéndose al mar.

Soy arena, soy el agua salada

queriéndome enjuagar.

I

 

Canto porque siempre hay voces que se quedan

en la cortina invisible de mis palabras

y me sobrevuelan el cuerpo a la par del viento,

sacudiendo las pestañas de esta ventana al mundo que es mi tiempo.

Canto porque ya no insisto en explicarme

cuántas calandrias adornan el techo de mis verdades,

sin saber yo de dónde salen

ni hacia dónde quieren volar.

Canto porque vivo mimándome poco

o no lo mucho que sería deseable,

para no llegar hasta estos momentos

en que si no cantara,

moriría.

Canto las verdades que no me sé

y a veces también las que recojo…

algunas pocas son frutas maduras y aptas

de tanta siembra interna,

de tanto intento a tientas…

toda cosecha reclama despojo.

Canto porque se me nutre el alma

con agua nueva

cada vez que la música de las palabras

me obliga, me imanta y me amamanta

hasta parirte de nuevo,

canción vieja.

V

 

Y descubro

una vez más

que la escritura es

en cualquiera de sus formas

mi terapia sujeto-predicado,

mi apariencia de

palabras paridas para permanecer

en algún sitio.

III

Los árboles

lloran

sus hojas.

La niebla

se despierta.

La luna

sigue su viaje

sigilosa.

La noche

gana partida,

silenciosa.

Será

que

llegó

el Otoño.

 

IV

 

Necesitamos aullar

en una frecuencia 

tan extasiantemente presente

que nos dirima de esta ausencia

que frente a nosotras

propiciamos.

VI

Inquietud
esta
de no dejar de explorar
en las miasmas selváticas
de este paisaje
innombrable.